Foto de Katerina Holmes en Pexels

Regresamos a la escuela. Sólo los maestros. La idea: realizar las pruebas necesarias para lo que viene: las clases semipresenciales no obligatorias. Sí, a los jóvenes se les dará la oportunidad de elegir si vienen o no al salón de clase, lo que me parece correcto. Muchos padres de familia, tienen la dinámica establecida en casa y moverlos, por tan solo tres o cuatro semanas, parece absurdo, más si hablamos de niveles como preparatoria o universidad. El cierre del este ciclo escolar está a la vuelta de la esquina. …


Foto de Lisa en Pexels

Me levanto casi siempre a la misma hora. 5: 30 de la mañana. Aunque me haya acostado tarde, siempre abro los ojos a esa hora, incluso minutos antes de que suene la alarma. Me gusta despertar a esa hora, la calle vacía y en la casa, el silencio necesario para escuchar el ronroneo de mis gatas. Me desprendo del sueño y recupero la película de la vida, quién soy, qué relación tengo con quien está a mi lado, con la familia, con mis amigos. Es como despertar por segunda vez. Poco a poco los pensamientos se vuelven claros, mi trabajo…


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Acabo de leer un poema estupendo de María Ángeles Pérez López que forma parte del libro Fiebre y compasión de los metales (Vaso roto, 2016). El poema empieza así: “En el aire, la piedra ya no duele. / Cuando rueda, recorre con violencia / la edad que se camina hasta ser bronce / y transforma en herida cada lasca”. Resuena: en el aire, la piedra ya no duele. El problema es que la piedra rueda dentro de mi cuerpo y duele demasiado. Me explico: juré no escuchar mi cuerpo ni mis sentimientos ni mis emociones. …


Foto de Rachel Claire en Pexels
Foto de Rachel Claire en Pexels

Pocas son las fiestas a las que acudo. Me desagrada casi todo de ellas. Los rituales que incluyen escoger la ropa adecuada, los zapatos, los accesorios, me sacan de quicio. No se diga, llegar al lugar abarrotado, estridente y estruendoso. De niña, las fiestas eran obligatorias los fines de semana. La familia era, como dicen, fiestera de hueso colorado. ¡Cómo me hubiera gustado tener algún poder para desaparecer por completo y no volver, nunca! Puse un alto a los 13 o 14 años y no hubo marcha atrás. …


Photo by Taryn Elliott from Pexels

Veo los viernes con cierta esperanza. Apago la computadora, silencio las notificaciones del celular y me visto con la ropa más cómoda. El objetivo: dejar de sentir el peso de la semana, el peso de la edad, el cansancio. Hay algo de incomodidad frente a la computadora. Si no la espalda, el cuello, o la distancia que hay entre mis ojos y la pantalla. Me toca aguantar la claridad de los rostros de mis alumnos o las manchas que se mueven en ese cuadro minúsculo mientras pretendemos el diálogo.

El viernes, al final del día, es una noche grande, luminosa…


Foto de Evgenia Basyrova en Pexels

“Mira nomás a lo que he llegado”, lo escucho decir. Una y otra vez. Yo también, una y otra vez rechazo la expresión con firmeza. Es como olvidar la realidad y hundirme en otro mundo. ¿Y el niño travieso que eras? ¿A dónde se ha ido? Los nubarrones, padre, no existen porque no los ves. ¿Interpretas así la caída? El destino sólo es un espantajo de cartón manipulado por hilos. ¿Opinas lo mismo, padre? Se lo dijiste al doctor, pero el doctor no entiende de metáforas, menos ésta, la del tiempo y el espantajo.

Padre, llévame a la ciudad. En…


Foto de Anastasia Shuraeva en Pexels

Tomo distancia de las cosas alegres o felices del mundo. No quiero decir que dé la espalda a estos momentos de éxtasis. No, incluso, disfruto ese aleteo de palomas en mitad del pecho. Obedezco a la sentencia de que la vida se ha reducido a un par de semanas. Si me levanto hoy, posiblemente no me levante la semana próxima o el hombre que amo, mi padre, mi madre. Y ¿quién puede llamarle a esto vida?

Nunca he sido una persona que irradie una felicidad endemoniada; nunca me he sentido poseída por ella. No dudo que en algún momento me…


A mi marido le encantan los colibríes. No lo había notado hasta que hace algunos meses, mi hijastra sugirió que derribáramos el árbol que se levanta al frente de nuestra casa. Mi marido echo el grito al cielo, unido al mío, y dijo que no: ¡hija, el árbol se queda! ¿A dónde irán los colibríes después? Cuando adoptamos la planta no sabíamos bien qué era. Nos dijeron que era un arbusto, pero para ser arbusto, insisto, me parece muy crecido. Después de un tiempo encontramos su nombre en internet: Planta tronadora. Arbusto de color verde, en contraste con flores amarillas…


Estoy tendida boca abajo en la cama, he colocado una almohada debajo de mi torso para que mis manos alcancen sin problema el teclado de la computadora. Miro de frente a la ventada donde Tomasa se ha encargado de impedir el paso del sol. Eso sí, la claridad del día es notable y se agradece. El frío ha estado bárbaro.

La fiesta de fin de año terminó y lo que queda es el sentimiento de una enfermedad que no sabemos si realmente, algún día, nos dejará. Si no hay una versión adecuada de cómo comenzó, su final, parece un cuento…


Foto de Paula Schmidt en Pexels

Duele hablar sobre la oscuridad. Tal vez, por eso, me atrevo a hacerlo en este momento en que las emociones parecen una lluvia ligera. Hoy vi a un colibrí, me dice mi marido. Lo vi desde la ventana. Luego, se fue al árbol principal de la casa y estuvo un buen rato, dándole vueltas, picando aquí y allá. Estaba hermoso. Me lo imagino, respondo. Y esto del colibrí y los días nublados me hacen respirar alegremente. Por fin, dejo de pensar en las tragedias, las del mundo y las personales. …

Nadia Contreras

Dirige Bitácora de vuelos ediciones. Su web personal es https://www.nadiacontreras.com.mx/

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